martes, 15 de diciembre de 2009

Capítulo 3 - Parte 1


Las Montañas Partidas no era un lugar agradable en esta época del año para darse un paseo. De la mitad hacia arriba, se encontraba recubierta por una capa de nieve, lo que hacia más peligroso nuestro trayecto. Después de vender a los caballos en un pueblo que se encuentra a los pies de las Montañas, nos dispusimos a atravesarlas sin más demora.
Desde la pelea en la taberna, mi relación con Kerol había cambiado. Ahora se divertía intentándo averiguar cosas sobre mí de las maneras más extravagantes, mientras que yo le sacaba información sutilmente.
Llevábamos dos días caminando por aquellos parajes, cuando Nehk se detuvo en posición defensiva y gruñó. Estábamos cerca de una cueva, de la cuál salían vapores. Adoptamos una posición defensiva, yo en la izquierda, Kerol en la derecha y Nehk en el centro, avanzándo lentamente. Del interior de la cueva, emanaba un aroma dulzón, junto con música y risas de mujeres. Nos asomámos lentamente, y aunque al principio con los vapores no veíamos nada, cuando nuestros ojos se hicieron al nuevo entorno, lo que apareció frente a nosotros, ninguno nos lo esperábamos. En la parte profunda de la cueva, había un manantial de agua natural dónde se estában bañando unas chicas; alrededor de la piscina improvisada, había varias fuentes de plata en dónde estaban encidido el incienso; y a un lateral, se encontraban parte de las chicas desnudas, tocando instrumentos, y al otro lateral sus vestimentas. Habíamos llegado en medio de algún rito, que desconocía.
Mientras que yo escudriñaba la cueva intentando encontrar algo que me indicara de qué se trataba aquél ritual, Kerol estaba atónito y no era capaz de moverse ni apartar los ojos de las muchachas.
De repente, Kerol comenzó a andar hacia ellas. Realmente yo no le ví, ya que estaba muy ocupada investigando la cueva sin que se percataran de mi presencia, pero oí perfectamente como Nehk soltaba un gruñido y avanzaba hacia el interior de la cueva. Me escondí lo mejor que pude, y le dije a Nehk mentalmente que siguiera a Kerol, el cuál se había detenido al parar la música. Las muchachas lo observaron durante un largo rato y después escudriñaron la cueva buscando rastos de alguien más que no fueran el hombre y el animal. Al no encontrar a su entendimiento amenaza alguna, las muchachas sonriéron a Kerol y volvieron a tocar, mientras se insinuaban al mago. Notaba como Nehk recibía ataques mágicos de esas chicas, seguramente através de su música, pero sabía que mi compañero aguantaría los envites mágicos. Al menos, durante un tiempo.
Kerol llegó cerca de una de las chicas que tocaban, la cuál dejó de tocar e hizo desaparecer el arpa mágicamente. Al instante la intensidad mágica desapareció y, al mismo tiempo, otra de las chicas salió del agua, conjuró un arpa y comenzó a tocar, lo que hizo recuperar la intensidad mágica. La chica que se había acercado a Kerol, le empezó a besar lentamente mientras le quitaba la ropa, ¡y él ni se movía! Empezaba a pensar que aquel mago era incapaz de aguantar un ataque mágico, cuando lo que ocurrió a continuación me dejó petrificada. Kerol, comenzó a responder a las caricias de la chica, la cuál se separó al ver esa reación, pues seguramente no era la que correspondería, pero cuando Kerol la empezó a acariciar, sonrió pícaramente y se entregó al mago.

domingo, 6 de diciembre de 2009

Capítulo 2 - Parte 2


Kerol se levantó de la mesa y Nekh se acercó a mí, mientras le enseñaba los dientes a mi atacante. Media taberna se puso también en pie y echó mano a sus empuñaduras, mientras que los clientes restantes, se levantaban de sus mesas y se iban a paso ligero.
-No buscamos pelea.- Le dije poniendo mi mejor voz.
Como respuesta solo obtuve carcajadas de aquellos tipos. El que me había tirado la daga se adelantó al resto y se quedó a una distancia intermedia entre ambos, mientras no dejaba de observar a Nekh.
-Vosotros sois los que me la liaron en el pueblo. Yo solo quería una poción y acabe detenido.
-Lo lamento, pero nosotros no hemos tenido nada que ver.
-Discrepo cleriga, tu amiguito y tú tubisteis mucho que ver.-Se quedó pensativo un momento.-Bueno, en realidad tuvo que ver más él que tú. Asique te voy a dar la oportunidad de recojer tus cosas e irte sin él.¿Qué me dices?
Me giré hacia Kerol, el cuál estaba acercando lentamente la mano al fuego. Después miré a Nekh, quién estaba esperando una ordén mental para atacar. Y finalmente miré de nuevo a aquel tipo, que tenía una estúpida sonrisita de autosuficiencia, cosa que odiaba profundamente en cualquier tipo de criatura. Le sonreí mientras empezaba a notar el cosquilleo del poder y apoyaba mi mano en la empuñadura de las cimitarras.
-¿Tú te crees con el nivel suficiente para ablarle así a una clériga de la Gran Diosa? Eres un insolente...
Antes de que aquel tipo pudiera reacionar, Nehk ya le había saltado encima con las fauces abiertas. Yo desenfundé las cimitarras, que estaban imbuidas en fuego mágico producido por mí misma, y ataqué al otro grupo. Por el rabillo del ojo, ví como Kerol echaba a correr hacía el grupo mientras conjuraba con el poder del fuego que había cogido antes. En cuanto realicé el primer ataque, entré en un ataque de frenesí indiscriminado contra mis enemigos. Paré solo cuando Nehk me tumbó en el suelo y me hizo perder las cimitarras. Le acaricié su pelaje con una mano ensangrentada y que aún tenía fuego, aunque él era inmune a mi magia.
Me levanté y miré a mi alrededor. La taberna estaba bastante destrozada, con partes quemadas y mesas y sillas rotas. En una esquina, se encontraba Kerol mirándome espectante y con un brillo en los ojos. Aún conservaba algo del fuego, cosa que no entendí, ya que todos estaban muertos.
-¿Qué ocurre?- Le pregunté molesta.
-¿Recuerdas algo de la pelea?
-¿Qué debería recordar?
Me siguió observando un largo rato, como si quisiera descubrir algo de mi interior que yo desconociera. Después simplemente se desprendió del fuego, cogió mi capa y me la tiró.
-Vamos, deberíamos irnos, antes de que la gente de este pueblo quieran vengar las muertes.
Le miré con cara de pocos amigos y fuí a recoger mis cimitarras. Entonces, me fijé en una cosa mientras estaba agachada: las marcas que tenían la mayoría de los muertos habían sido producidas por cimitarras. Nehk me tocó con el hocico, indicándome que nos teníamos que ir. Salí de la taberna, tapada completamente con la capa y monté en el caballo.
La llovizna continuaba y lo agradecí. Salimos a galope de aquel pueblo que comenzaba a sentir a la muerte y salian de sus viviendas a descubrir qué era lo que la había echo ir.
Acampamos en la ladera de las Montañas Partidas, cerca de un riachuelo dondé me bañé y lavé mis ropas para quitarles la sangre, al igual que las cimitarras.
-¿Me vás a decir que ocurrió en la taberna?-Le pregunté a Kerol.
Éste se limitó a encogerse de hombros y dedicarme una media sonrisa.
-Lo que ocurrió es que entraste en un estado de frenesí propio de una bestia y no de una clériga.
Lo miré durante un gran rato y me tumbé al lado del fuego para intentar dormir un poco, pero sabía que era inútil. Al cabo de un rato, sentí una mano cálida sobre mi hombro. Kerol acercó su boca a mi oído y me susurro:
-No te preocupes, yo me encargaré de que no agas daño a quien no debes. Lo que has echo hoy, no debe perturbarte. Has echo lo correcto, al igual que yo.
Le sonreí en la oscuridad y el me besó en la mejilla, lo que hizo que me estremeciera. Nehk notó mi perturbación y gruñó por lo bajo.
Kerol se separó y siguió haciendo su guardia.