
Kerol se levantó de la mesa y Nekh se acercó a mí, mientras le enseñaba los dientes a mi atacante. Media taberna se puso también en pie y echó mano a sus empuñaduras, mientras que los clientes restantes, se levantaban de sus mesas y se iban a paso ligero.
-No buscamos pelea.- Le dije poniendo mi mejor voz.
Como respuesta solo obtuve carcajadas de aquellos tipos. El que me había tirado la daga se adelantó al resto y se quedó a una distancia intermedia entre ambos, mientras no dejaba de observar a Nekh.
-Vosotros sois los que me la liaron en el pueblo. Yo solo quería una poción y acabe detenido.
-Lo lamento, pero nosotros no hemos tenido nada que ver.
-Discrepo cleriga, tu amiguito y tú tubisteis mucho que ver.-Se quedó pensativo un momento.-Bueno, en realidad tuvo que ver más él que tú. Asique te voy a dar la oportunidad de recojer tus cosas e irte sin él.¿Qué me dices?
Me giré hacia Kerol, el cuál estaba acercando lentamente la mano al fuego. Después miré a Nekh, quién estaba esperando una ordén mental para atacar. Y finalmente miré de nuevo a aquel tipo, que tenía una estúpida sonrisita de autosuficiencia, cosa que odiaba profundamente en cualquier tipo de criatura. Le sonreí mientras empezaba a notar el cosquilleo del poder y apoyaba mi mano en la empuñadura de las cimitarras.
-¿Tú te crees con el nivel suficiente para ablarle así a una clériga de la Gran Diosa? Eres un insolente...
Antes de que aquel tipo pudiera reacionar, Nehk ya le había saltado encima con las fauces abiertas. Yo desenfundé las cimitarras, que estaban imbuidas en fuego mágico producido por mí misma, y ataqué al otro grupo. Por el rabillo del ojo, ví como Kerol echaba a correr hacía el grupo mientras conjuraba con el poder del fuego que había cogido antes. En cuanto realicé el primer ataque, entré en un ataque de frenesí indiscriminado contra mis enemigos. Paré solo cuando Nehk me tumbó en el suelo y me hizo perder las cimitarras. Le acaricié su pelaje con una mano ensangrentada y que aún tenía fuego, aunque él era inmune a mi magia.
Me levanté y miré a mi alrededor. La taberna estaba bastante destrozada, con partes quemadas y mesas y sillas rotas. En una esquina, se encontraba Kerol mirándome espectante y con un brillo en los ojos. Aún conservaba algo del fuego, cosa que no entendí, ya que todos estaban muertos.
-¿Qué ocurre?- Le pregunté molesta.
-¿Recuerdas algo de la pelea?
-¿Qué debería recordar?
Me siguió observando un largo rato, como si quisiera descubrir algo de mi interior que yo desconociera. Después simplemente se desprendió del fuego, cogió mi capa y me la tiró.
-Vamos, deberíamos irnos, antes de que la gente de este pueblo quieran vengar las muertes.
Le miré con cara de pocos amigos y fuí a recoger mis cimitarras. Entonces, me fijé en una cosa mientras estaba agachada: las marcas que tenían la mayoría de los muertos habían sido producidas por cimitarras. Nehk me tocó con el hocico, indicándome que nos teníamos que ir. Salí de la taberna, tapada completamente con la capa y monté en el caballo.
La llovizna continuaba y lo agradecí. Salimos a galope de aquel pueblo que comenzaba a sentir a la muerte y salian de sus viviendas a descubrir qué era lo que la había echo ir.
Acampamos en la ladera de las Montañas Partidas, cerca de un riachuelo dondé me bañé y lavé mis ropas para quitarles la sangre, al igual que las cimitarras.
-¿Me vás a decir que ocurrió en la taberna?-Le pregunté a Kerol.
Éste se limitó a encogerse de hombros y dedicarme una media sonrisa.
-Lo que ocurrió es que entraste en un estado de frenesí propio de una bestia y no de una clériga.
Lo miré durante un gran rato y me tumbé al lado del fuego para intentar dormir un poco, pero sabía que era inútil. Al cabo de un rato, sentí una mano cálida sobre mi hombro. Kerol acercó su boca a mi oído y me susurro:
-No te preocupes, yo me encargaré de que no agas daño a quien no debes. Lo que has echo hoy, no debe perturbarte. Has echo lo correcto, al igual que yo.
Le sonreí en la oscuridad y el me besó en la mejilla, lo que hizo que me estremeciera. Nehk notó mi perturbación y gruñó por lo bajo.
Kerol se separó y siguió haciendo su guardia.

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