
A las tres horas ya habíamos abandonado el Bosque de la Encrucijada, llamado así porque a la salida de este se le unían dos caminos, y entre los tres formaban el camino que daba a Mórgel. Una vez llegados a esta zona, nos acompañaban en el camino varias personas con sus mercancías y, de vez en cuando, se oía a alguien echar de menos su bolsa de dinero o algún producto. A mitad de camino, había un puesto de guardia, donde se comprobaba que todo lo que entraba en la ciudad era legal.
-Saludos gentes de Arkaht. Ya conocéis el procedimiento, ¿qué tal las cosas por allí?- Nos
preguntó el guardia mientras se acercaba con cuatro personas más para registrarnos.
-Muy bien, gracias.- Contestó Merek, el guerrero, mientras bajaba del caballo, como los demás. -¿Habéis tenido algún problema a lo largo del día de hoy?
-Lo normal, algún que otro hurto y una pequeña pelea sin importancia.-Mirando al cielo agregó. -
Hoy la Diosa nos ha bendecido con un magnífico día, asique esperamos una gran cantidad
de comerciantes y compradores. Vigilad bien vuestros bolsillos, gentes de Arkaht, cuanta más
gente, más hurtos.
-No se preocupe, lo tendrémos en cuenta. Gracias por todo y que tengan un buen día.
-Gracias y lo mismo os deseo a vosotros.
Montamos de nuevo y los guardias nos dejaron pasar. Un rato más tarde, ya estábamos entrando a Mórgel através de sus puertas.
Mórgel era una ciudad pequeña, amurallada y con forma de rectángulo. Su calle principal daba al mercado, donde todos vendían sus mercancías, y el resto de las calles eran estrechas y apenas cabía por ellas un carro. La ciudad vivía principalmente del comercio, aunque tampoco escaseaban tabernas, hostales y burdeles, y también se podía encontrar trabajo y cerrar negocios.
Avanzamos como pudimos por el mercado, el cual ya contaba con un número considerable de personas observando las mercancías, y llegamos hasta un hueco no muy grande en el que había instaladas cuatro mesas de madera y, delante de estas, se encontraba un enano con cara de pocos amigos.
-Llegáis tarde, gentes de Arkaht.- Dijo en cuanto llegamos a su lado y desmontamos.
-Mis disculpas, buen enano, pero no es fácil llegar hasta Mórgel con toda esta gente.- Le contestó
Merek con una sonrisa.
-Excusas, excusas...Ni siquiera sé porqué me molesto en guardaros un sitio.Tengo una taberna
que atender,¿sabéis?
-Os ruego mil disculpas, aquí tenéis vuestros honorarios y os prometo que pasaremos, si
tenemos tiempo, por vuestra taberna.
El enano le hechó una mirada de desconfianza, cogió la bolsita que le tendía Merek y se fué refunfullando.
Una vez estubimos solos, descargamos las mercancías sobre las mesas. En una, estaba el sirviente con frutas, verduras y bebidas; en otra, estaba el mercader con telas elaboradas, utensilios del hogar y armas pequeñas; en la siguiente, se encontraba el hechizero con pocimas para todo tipo de dolencias; y por último, se encontraba el mago, el cuál se dedicaba a identificar todo tipo de objetos y se quedaba con los malditos. Mientras tanto, el mensajero, conocedor de varias lenguas, se dedicaba a ir de un lado a otro traduciendo. Por último, el guerrero y yo, ibamos a buscar las cosas que necesitabamos llevarnos a Arkaht.
El método de compra era muy sencillo. Nosotros íbamos con una lista con lo que necesitábamos, les pagábamos la mitad a los vendedores y quedábamos en pagarles el resto cuando fuéramos a por la mercancía. Lo hacíamos así, porque si no, entre que hibamos a un puesto y otro, era muy probable que nos robaran algo.
Cuando estábamos llegando a nuestro sitio, después de hacer todas las compras, nos percatamos de que había un grupo inusual formando un medio círculo donde nuestros puestos. Nehk consiguió hacerse hueco y le seguimos. En el centro, había un hombre bastante enfadado y, levantado del suelo más de medio palmo por el hombre, se encontraba el hechizero amenazándole que o lo soltaba o tendría problemas.
Merek estaba, al igual que el resto, bastante atónitos con la escena, y yo me había quedado igual, pero cuando ví como Nehk se avalanzaba sobre el hombre y lo tiraba al suelo, reaccioné.
-¿Qué está ocurriendo aquí?- Pregunté con las manos en las empuñaduras de las cimitarras.
El hechizero, medio halfling medio humano, se levantó del suelo y me contestó:-Este "cliente" no ha querido pagarme la mercancía.
-¡Por que sois un ladrón!- Dijo rojo de furia y sacando su espada añadió: -Yo os ayudaré a no
volver a robar a nadie más.
-Si tocáis al chico, despedios de volver a pisar Mórgel.
Nos giramos todos y vimos que era el enano.
-¡Menudo grupo!- Se rió el hombre. -¿Qué es lo siguiente?¿Un goblin? Ja,ja,ja,ja.
-No, la guardia.¿Sería tan amable de enfundar su arma y acompañarnos?
Al hombre se le borró la sonrisa de la cara, guardó su arma y se dispuso a seguirlos mánsamente. -¡Un momento!¡Todavía tiene el vial!- Gritó el hechizero.
El hombre le echó una mirada asesina.
-¿Es eso cierto?- Preguntó el guardia.
El hombre sacó el vial y se lo devolvió al hechizero, el cuál tenía una gra sonrisa de autosuficiencia en la cara.
-Sonríe pequeño,- Le dijo en apenas un susurro mientras le devolvía el vial.- muy pronto dejarás
de hacerlo.
El hechizero empalideció por momentos y su mirada se cruzó con la mía.
-Lo he escuchado.- Le dije mientras comíamos.
-¿El qué?
-Lo que te dijo ese tipo. No te preocupes, dentro de Arkaht no puede hacerte nada.
-Mañana termino mis estudios en Arkaht.- Dijo algo pálido. -Puede que me esté esperando...
-No seas tonto, ¿hacia dónde te diriges?
-Hacia el reino de Górget, mi padre es el señor de la capital.
-¡Qué casualidad! Yo también me voy mañana y tengo tu misma dirección, aunque en mi caso
me detendré en Balia para ver a mis padres, podríamos ir juntos,¿qué opinas?
-Eso estaría bien.
Después de la comida, estubimos un par de horas más, que por fortuna no hubo más incidentes, pasamos a recoger las cosas, y nos fuimos de regreso a Arkaht.

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